CALLE DOCTOR DAUDÉN

 


     El nombre de esta calle está justamente dedicada a la memoria de los Doctores D. Carlos Dauden Badal y de su hijo, D. Francisco Daudén Valls, que tenían la casa familiar en esta calle.

     El Dr. D. Francisco Daudén Valls a principios de los años 60 ayudó a mucha gente de Chinchilla que llegaban a Madrid con problemas de salud, era una especie de Cónsul para los chinchillanos en Madrid. En esta época la Seguridad Social era incipiente y muy incompleta, y no estaba tan especializada como ahora, por lo que había que acudir a las Clínicas Privadas que no todo el mundo se podía permitir.

     La corporación de Chinchilla decidió hacerle un homenaje al Doctor D. Francisco Daudén Valls, poniéndole su nombre a la calle donde

 

Don Francisco Daudén Valls


Don Carlos Dauden Badal (padre)
y Don Francisco Daudén Valls (hijo).
 

vivió, pero éste prefirió que se le dedicara en general a los Dr. Dauden, para honrar la memoria de su padre, el Doctor D. Carlos Dauden Badal, ya que fue durante muchos años el Médico titular de Chinchilla, Forense y Médico de Prisiones, falleciendo en 1.928.

 

     Información enviada por el Doctor D. Carlos Daudén Sala (Hijo del Dr. D. Francisco Daudén Valls y nieto del Dr. D. Carlos Daudén Badal) y Carlos Hoyos Daudén (nieto de Carlos Daudén Badal)

 

NECROLÓGICA escrita por Carlos Daudén Sala y Estebán Daudén Tello, en la revista "Actas Dermosifiliográficas" en 1990.

Doctor Don Francisco Dauden Valls (14-V-1898 a 25-VI-1990)

     Si el hombre es un ser que va recorriendo el sendero de la historia descubriendo cosas y aprendiendo siempre para hacer camino que sirva a los demás.
nuestro padre y abuelo desbrozó y señaló el suyo para facilitarnos nuestra andadura.

     Su padre, un respetado y querido médico de Chinchilla, por cuyas pedregosas y empinadas calles se fue dejando día a día durante cuarenta años la fuerza de su fatigado corazón, tenía la sana ilusión de que su hijo Paco fuese también médico para continuar su labor en el pueblo que le vio nacer. Sin embargo, el destino quiso otra cosa.
 
     Estudió los primeros años de carrera en Valencia y posteriormente en Madrid, consiguiendo un brillante expediente académico. Se licenció en 1921 en la Universidad Central, obteniendo el grado de Doctor en 1923 con la calificación de sobresaliente por su tesis:
 

Casa de la Familia Dauden
 «La mezcla proteíno-vacunas en Dermatología».

     Todavía estudiante, pudo demostrar su generosa dedicación a los enfermos con ocasión de la grave epidemia de gripe de 1918, que afectó a toda España y con especial saña a su pueblo de Chinchilla. Como todos los médicos de la localidad, entre ellos su padre, se afectasen de la enfermedad, él, aún estudiante, se puso a la disposición de las autoridades sanitarias y trabajó con total entrega, teniendo una actuación tan laudatoria y sacrificada que llegó a solicitarse para él la Cruz de Beneficiencia. Un periódico de Albacete lo comentaba así: «...esta labor fue realizada por Don Francisco Daudén, aventajado alumno de medicina de la Universidad Central, con verdadera vocación y entusiasmo, desinteresadamente. Atendió a los afectados, limpió con sus propias manos los lechos de los enfermos día y noche, desafiando peligros, aplicó los remedios de la ciencia con evangélica unción, mitigó los dolores del cuerpo y llevó los confortadores consuelos y alientos a los espíritus abatidos por tanta miseria ...». Tenía entonces 20 años.


Titulo de Hijo Predilecto
de la Ciudad 9-9-1963
       Siempre se volcó con su familia y sus paisanos, ayudando toda la vida a los más necesitados. Cualquiera de su pueblo que precisara algo en Madrid acudía a él en la seguridad de que directamente o mediante las oportunas gestiones lo conseguiría.Su ciudad agradecida y en unánime sentimiento de simpatía popular, le nombró en 1961 Hijo Predilecto, dedicándole la calle en donde se encuentra su casa natal, actos que se celebraron en medio de una impresionante y multitudinaria manifestación de cariño y admiración. Con ocasión de su reciente entierro, fue muy emotivo para nosotros conocer a una paisana suya que nos manifestó, con lágrimas en los ojos, la gran pena que le invadía por la pérdida de quién ayudó con sus manos a que viniera al mundo. Fue el primer parto que asistió acabada la carrera.
 
 

Discurso en los salones del Ayuntamiento, en agradecimiento por el nombramiento de Hijo Predilecto
 

Banquete de homenaje en el
Claustro de Sto. Domingo
 

     En contra de los deseos de su padre, que quería que fuese su continuador médico en el pueblo, él, joven y con grandes ilusiones, estaba firmemente decidido a ejercer en Madrid, donde constantemente podría aprender y perfeccionarse. Primeros tiempos de lucha difícil para lograr trabajo estable. Sin embargo, su tesón y laboriosidad fue salvando barreras. En 1919 consiguió trabajar como Ayudante del Profesor Fernández de la Portilla. También, más tarde, actuó de Ayudante de Clínica en la Cátedra de Patología Médica de la Facultad de Medicina de Madrid del Profesor Loza, siendo Profesor Clínico el Dr. Partearroyo. En 1923 dirigiría la Consulta de Dermatología de la VI Comisión de la Cruz Roja Española, concediéndosele por su valiosa actuación la Medalla de 2ª clase de la Cruz Roja Española. Estuvo durante doce años encargado de Sala del Hospital de San Juan de Dios con el Profesor Sainz de Aja. También trabajó como Médico de Guardia del Hospital Militar de Carabanchel, fue Inspector Municipal de Sanidad, aprobó las oposiciones de la Beneficiencia Municipal de Madrid y, por fin, en 1928, obtuvo con el número uno plaza en las Oposiciones de la Lucha Oficial Antivenérea.

     Ya conseguida su clara trayectoria vocacional hacia la Dermatovenereología, a ella se dedicó en cuerpo y alma hasta su jubilación en 1968. Fundó y organizó el Dispensario Derrnatológico de Toledo, del que fue Director de 1929 a 1933, desarrollando cursillos de la especialidad para médicos y estudiantes. Por concurso de méritos obtuvo en 1933 plaza en Madrid, primero en el Dispensario de Chamartín de la Rosa, del que fue Director , y en 1940 en la Facultad de Medicina de San Carlos, adscrito a la Cátedra de Dermatología. Todavía recuerdan muchos médicos que pasaron por sus clases prácticas, con agradecimiento y cariño, sus útiles enseñanzas. Desempeñó la función de Jefe de la Sección de Lucha Antivenérea de la Jefatura Provincial de Sanidad de Madrid. Su último destino oficial lo desempeñó en el Dispensario Oficial Dermatológico “Martínez Anido” de Madrid, donde trabajó mucho y bien como Director hasta su jubilación.

     Ha realizado importantes aportaciones a Congresos Nacionales e Internacionales de la especialidad (Madrid, Granada, Valencia, Barcelona, Lisboa, Amsterdam, Roma, Tokio, etc.), mediante ponencias oficiales y comunicaciones siempre acertadas. Uno de sus últimos trabajos lo llevó a Albacete con motivo de la IV Reunión Médica de Levante, en la que se le nombró Reunionista de Honor. Ha colaborado en Cursos de la especialidad de la entonces Sociedad Española de Dermatología y Siflllografía, después en la Academia, en la Jefatura de Sanidad, en la Facultad de Medicina, en el Servicio Municipal de Nutrición con el Dr. Blanco Soler, en la Escuela Nacional de Enfermeras, en los Hospitales de San Juan de Dios y de la Cruz Roja, etc. Publicó un centenar de trabajos e intervino en multitud de ocasiones en las sesiones de la Academia.

     Si algo le gustaba especialmente era el tema leprológico. Leprólogo por Fontilles, fue el pionero en España en la prevención de la enfermedad, ayudando y protegiendo a los hijos de los enfermos de lepra. Fundó en 1949 el primer Preventorio para estos fines, el del «Niño Jesús del Remedio», que funcionó primero en Chapinería y más tarde en Fuencarral {Madrid). En los dos centros desarrolló una intensa y reconocida labor en favor de estos niños, tanto en su aspecto clínico como preventivo.

     Desde 1939 y durante muchos años ha pertenecido a la Junta Directiva de la Academia Española de Dermatología y Sifiliografía y al Comité de Redacción de su revista Actas Dermo-Sifiliográficas. Robando horas y espacio de su propia casa trabajó durante veinte anos como Admlmstrador y Tesorero de la Academia y la revista, realizando siempre su labor con gran meticulosidad, eficacia y rigor. En 1986 se le nombró Tesorero-Administrador Honorario de la Academia. Por su edad, 92 años, era últimamente el Decano de todos los miembros de la Academia, en la que ingresó en 1921.

     Se podría hablar mucho y bien de toda su dilatada labor médica, pero baste señalar que ha llevado una vida plena de trabajo, de buen hacer y de dignidad. Aprendió de su padre la solícita atención al enfermo y el consuelo al desvalido en lo material y lo espiritual, y de la vida todo lo que de positivo existe en ella.

     Era un hombre de una gran personalidad, inteligente, cordial y simpático; autoritario cuando era necesario, pero siempre amable y cariñoso con los demás. Para nosotros ha constituido un ejemplo de laboriosidad, trabajo y hombre de bien. El supo despertar nuestra vocación médica y especialmente dermatológica. Nosotros dos constituímos la 3ª y 4ª generación de médicos de la familia, la 2ª y 3ª de dermatólogos, que él inició.

     Que él, que aquí nos ayudó con sus enseñanzas médicas y humanas, nos inspire también desde arriba para tratar de seguir una conducta digna. Siempre le estaremos agradecidos por todo lo que de él, como persona, hemos tratado de aprender. Si es que pudiéramos hablarle le diríamos: gracias padre, gracias abuelo.

Carlos Daudén Sala
Estebán Daudén Tello